Osasuna se la juega... en el vestuario

Recuerdo una conversación en un viaje a Madrid para cubrir otro partido de Osasuna. Compartía charla en el tren con una persona que, después de ejercer responsabilidades de otro tipo en su organización, había asumido la dirección de los ‘recursos humanos’. “Trabajar con personas es la tarea más compleja a la que nunca me he enfrentado”, aseguraba. Y eso que había lidiado con crisis de las de verdad.

Sin dejar a un lado eso de que los ‘recursos humanos’ cada vez me suena peor, con lo que sí estoy de acuerdo es que cada vez parece más difícil eso de gestionar el talento, las ambiciones, el ego, las pequeñas miserias de las personas. Difícil y casi siempre, definitivo. Y uso el plural de persona a regañadientes, porque de igual modo cada vez dudo más que exista un patrón que permita igualar a Ricardo con Roversio o a Puñal con Masoud Shojaei, por poner el caso.

Por eso, a falta de una semana para que el balón empiece a rodar en serio, y porque el final de la pasada campaña –rematada, mal, con un extraño y plural sondeo interno sobre la idoneidad de Cuco que veremos si no termina, como los terremotos, teniendo sus ‘réplicas’- creo que en la 2008-09 Osasuna se la juega en el vestuario.

Parafraseando una de las reflexiones de Alfonso Vázquez en La imaginación estratégica, el desarrollo de un equipo de fútbol está en función del desarrollo personal y profesional de cada uno de sus jugadores. Ese es el reto al que se enfrentan José Angel Ziganda y sus futbolistas.

Se trata de una responsabilidad compartida –profesionales son todos, técnicos y jugadores - en un escenario en el que el futuro de Osasuna en Primera pasa porque Cuco sea capaz de estimular y facilitar ese desarrollo más allá de los minutos oficiales de juego, que no van a llegar para todos: cada semana va a tener que dejar fuera a siete y eso son palabras mayores.

En paralelo, a los jugadores lo que les toca es asumir que su crecimiento profesional no se mide exclusivamente en dígitos distribuidos en estadísticas oficiales.

Para esa última labor el liderazgo en el vestuario, formal e informal, es imprescindible. De ahí que no estaría mal la revisión de ciertos criterios a la hora de valorar la aportación al grupo de nombres que difícilmente van a aparecer, incluso, en las convocatorias. Es más, apunto una primera impresión: su presencia en ellas, y hasta en el once, podría convertirse en un indicador de que algo no marcha  bien.

posted 1 year ago | Permatime

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