Cafe Kutz

Cuaderno en rojo de Rafa Aguilera sobre el C.A. Osasuna

Números y minifaldas

La clasificación son números. Números y papel. Papel que lo aguanta todo y números que, desde que supimos que la contabilidad pasó a ser una de las Bellas Artes, son capaces de dar ideas, algunas, pero ocultar lo realmente importante.

Dos victorias, contra el Espanyol y en Xerez, han hecho buena la sentencia de aquel entrenador de fútbol noruego que debía tener una verdadera obsesión por las minifaldas.

Ocultos tras los 23 puntos, los defectos de los rojos parecían menos. Tan poca cosa que resitían la comparación con los de un Racing al que se sigue considerando un igual. Lo importante, sin embargo, está detrás.

Y detrás del equipo cántabro, como se pudo comprobar, hay mucho trabajo; conceptos asimilados y el mejor lubricante: ocho jornadas consecutivas comprobando de forma progresiva que las cosas funcionan porque se están haciendo bien. En comparación con uno de los suyos, porque el Racing también va a estar ahí, en la pelea, Osasuna se muestra como un grupo atormentado por el fantasma que un día sí y otro también agita José Antonio Camacho: mentalidad.

Ciclotímico, el equipo vive de un estado de ánimo que el técnico no consigue dominar y, en ocasiones, se muestra acomplejado por una forma de hacer que hace tiempo que dejó de ser un recurso para transformarse en seña de identidad.

Tan definitoria, por cierto, como su irregularidad que, no lo olvidemos, es el mal que acaba corroyendo incluso el más prometedor proyecto deportivo.

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