Sentimiento
No hay feeling. Con tres palabras Pep Guardiola explicó a todo el mundo lo que parecía inexplicable: su decisión de prescindir de Samuel Eto’o.
Al técnico del FC Barcelona le cayeron palos por aquello. Y entre los más contundentes los de quienes, de forma muy razonable, tiraban de los números, apabullantes, del camerunés.
Aquella fue, sin embargo, una decisión en línea con una forma de entender el fútbol; todo el fútbol: de la emoción al resultado. Su propuesta, al menos la que elabora Osasuna, está lejos de la que ejecutan los jugadores que dirige su amigo. Pero en el fondo, José Antonio Camacho comparte con Guardiola la prevalencia de lo emocional. Lo que la estética es para el primero, lo es la intensidad, palabro de moda, para el segundo.
Al final, la emoción; y su gestión. Algo que, de largo, todo el mudo presupone es uno de los puntos fuertes del murciano cuyo aval hoy sin embargo, como el de Eto’o entonces, se queda en los números.
Por eso, porque sí hubo feeling -Tajonar, lleno, una tarde de octubre, ahora hace un año- resulta extraño que aquel futbolista que un día exprimió la banda del Santiago Bernabéu empujado por el aliento de la grada no encuentre la tecla para volver a conectar con un estadio de El Sadar que nunca ha sido exigente, pero que si algo reclama a los suyos es un punto, basta un punto, de pasión.
Esa que, hoy ya no tenemos ningún género de dudas, algunos administran con cuentagotas.