Valencia: partido macho
Y casi nadie se acuerda el Valencia.
Si por casualidad un día te lías leyendo la prensa, te das un garbeo por el dial o zapeas un rato, como mucho te enteras del último jaleo de un club que, desde aquí, parece vivir al borde del ataque de nervios.
Luego, echas un vistazo a lo que su técnico baraja, con perdón, para hacerse un once y dices, ‘que me dejen un cuarto de hora a un par de esos para mi equipo, que con ellos arreglamos la temporada’.
El equipo que tiene en sus filas a uno de los killers más refinados, Villa, y a uno de esos futbolistas que hacen buenos a la media docena que le rodean, Silva, está, reconozcámoslo, ensombrecido por su imagen, su mala imagen.
Algo que puede ser un problema; o no. Por ejemplo, si eres un tipo tan listo como Emery -debe serlo para conservar la cabeza en semejante jaula de grillos- vas y le das la vuelta. Lo que le dicen convertir una amenaza en una oportunidad. Hoy, el Valencia las mata callando, con su media inglesa. Y nadie repara en ellos porque, parece, no existe vida más allá del azul, el grana y el blanco pastelero.
Hasta el descaro sevillista provoca más tensión, incluso por aquí, donde la semana se está escapando entre el N1H1 y el FIFA.
Virus, por cierto, capaces de reventar el más descabellado de los planes de trabajo.
Decía Camacho en vísperas del viaje a Almería que casi nadie -suponemos que extramuros- había hablado del rival, que otra cosa es cuando toca contra un grande y que así era complicado preparar bien un partido.
Aquello, después, terminó en fiasco que, nos dijeron, sólo fue un accidente.
Pues nada, que conste en acta: el domingo, partido macho.