Cuestión de confianza

A estas alturas nadie se fía de casi nadie. Y buena prueba de ello es que, después de tres victorias consecutivas en la Liga, el partido de este domingo es para Osasuna algo muy parecido a una cuestión de confianza; ese instrumento al que se recurre para superar situaciones de debilidad solicitando el expreso respaldo a lo que se está haciendo.

¿Y qué está haciendo últimamente el equipo de José Antonio Camacho? Ganar: nueve puntos en tres jornadas. Suficiente para, en condiciones normales, haber acumulado un pequeño capital de estima y, más importante, un aval para manejarse durante un tiempo.

Pero hoy por hoy, buena parte de lo que le sucede a este Osasuna no entra en los parámetros de normalidad. Por eso hoy por hoy pesa todavía el modo en el que se esfumó la ilusión que provocó la Copa. Decepción que avivó el recuerdo de lo que sucedió tras los empates contra el FC Barcelona y el Real Madrid. Eso que llevó a Camacho a decir lo que dijo porque se perdió en Riazor.

Por todo ello, una de las mejores noticias de la pasada jornada no se produjo en el césped de El Madrigal. Sucedió en su zona mixta. Después de ganar de una manera que daban ganas de contar el partido tantas veces como haga falta, la palabra más escuchada fue ‘Tenerife’.

Al oírla, seguro, Berra habría sentenciado: “Está claro: el fútbol, como el béisbol, es un noventa por ciento mental. La otra mitad es física”.

Números y minifaldas

La clasificación son números. Números y papel. Papel que lo aguanta todo y números que, desde que supimos que la contabilidad pasó a ser una de las Bellas Artes, son capaces de dar ideas, algunas, pero ocultar lo realmente importante.

Dos victorias, contra el Espanyol y en Xerez, han hecho buena la sentencia de aquel entrenador de fútbol noruego que debía tener una verdadera obsesión por las minifaldas.

Ocultos tras los 23 puntos, los defectos de los rojos parecían menos. Tan poca cosa que resitían la comparación con los de un Racing al que se sigue considerando un igual. Lo importante, sin embargo, está detrás.

Y detrás del equipo cántabro, como se pudo comprobar, hay mucho trabajo; conceptos asimilados y el mejor lubricante: ocho jornadas consecutivas comprobando de forma progresiva que las cosas funcionan porque se están haciendo bien. En comparación con uno de los suyos, porque el Racing también va a estar ahí, en la pelea, Osasuna se muestra como un grupo atormentado por el fantasma que un día sí y otro también agita José Antonio Camacho: mentalidad.

Ciclotímico, el equipo vive de un estado de ánimo que el técnico no consigue dominar y, en ocasiones, se muestra acomplejado por una forma de hacer que hace tiempo que dejó de ser un recurso para transformarse en seña de identidad.

Tan definitoria, por cierto, como su irregularidad que, no lo olvidemos, es el mal que acaba corroyendo incluso el más prometedor proyecto deportivo.

Toque de atención

José Antonio Camacho nos descolocó a todos el domingo con esa confesión de que lo intenta, pero que no; que no llega al vestuario con su mensaje.

La sugerencia de que le cuesta conectar con sus jugadores resulta sorprendente viniendo de quien se ha trabajado una reputación sobre la imagen, estereotipada, del enérgico motivador. Por eso fue sorprendente.

Por eso y porque hace tiempo que sabíamos que lleva muy mal ‘la falta de mentalidad ganadora’ del equipo. De hecho, lo sabemos desde que descubrió que un empate contra el Barcelona provoca daños colaterales. (¿Conocerá Camacho el legado de Pedro Mari Zabalza?). Y confirmamos lo que le ‘jode’ cuando despachó a sus jugadores con el recado antes de las vacaciones navideñas.

Todo ello lleva a pensar que para futbolistas y técnico el asunto no pasa de ser un desahogo tras un mal trago, un toque de atención o eso de que ha sido algo ‘de lo que hablar porque no hay otra cosa’.

Sin embargo, después de lo que sucedió el miércoles alguien, quizá, debiera empezar a tentarse la ropa. De puertas hacia afuera esa falta de sintonía entre técnico y jugadores -cuya traducción sobre el campo es el fútbol naïf de Riazor, el de San Mamés o el de la primer tiempo frente al Hércules- ha adquirido dimensión suficiente como para que en El Sadar sucediera algo que sí es extraordinario: la grada silbó a los suyos porque lo que estaba viendo se parecía muy poco a un equipo que quiere y necesita ganar un partido.

Eso sí, aquí, sí que es sorprendente. Y eso, en Pamplona, sí que es todo un toque de atención.

Celebrando balances

Nadie celebra un buen balance. Nadie, por supuesto, que esté relacionado con el mundo del fútbol.

El meme del balance que no se celebra, dicen, surgió en un despacho de uno de los responsables de la cosa económico-financiera-marketiniana de la primera era Florentino en el Real Madrid. Resulta difícil imaginar a los seguidores merengues rodeando la fuente de La Cibeles coreando el nombre de aquel director financiero, es cierto.

El hallazgo, ingenioso, fue una coartada, pero ha ido transmitiéndose de presidente a presidente, de director financiero, y hasta general. Es muy bueno, sí; tanto que se ha convertido en una unidad mínima de transmisión de la herencia cultural del directivo español de fútbol.

Que ante un meme con todos los sacramentos estamos lo acreditan, además de su viralidad, su fecundidad, puesto que hoy sirve todavía para espantar a los ortodoxos; su longevidad -no olvidemos que el fútbol tiene memoria de pez, que debe ser más de lo que creemos, por cierto- y la fidelidad a la hora de replicarlo, porque cuando alguien tira de la frasecita sabe colocarla.

En esos casos, para redondear el argumento, se apela también a la ilusión, al sentimiento, incluso a la magia como bienes superiores a la frialdad de unos asientos contables. Por eso, porque nadie celebra un buen balance -una ‘foto’ a fecha de hoy, nos decían-, porque el fútbol es algo más que cifras, la gente de Osasuna se va a pasar las fiestas con la mosca detrás de la oreja.

La clasificación dirá lo contrario y hasta hay quien la hubiera firmado en agosto. Pero ya lo sabíamos: nadie celebra un buen balance.

Arriba o abajo

“Partido fuerte, para hombres”. Patxi Puñal podría haber añadido ayer también, para equipos. En San Mamés Osasuna, además de jugarse lo único, se somete este sábado a una cata.

Una prueba que va a determinar la profundidad de la plantilla, antes de los rigores del mes de enero. Tres partidos sin Walter Pandiani, primero, y Carlos Aranda, después si a algo se parecen a algo es a lo que, previsiblemente, tendrá que gestionar José Antonio Camacho cuando, a la vuelta de los turrones, los rojos empiecen a preparar, así, de corrido y en dieciséis días, un partido en El Sadar contra el Real Madrid, dos frente al Hércules -los octavos de final de Copa- y la visita a Riazor, antesala del último partido de la primera vuelta en casa, frente al Espanyol.

Hasta el domingo pasado, todo parecía indicar que sí. Que sin estímulo en forma de rotación, los que esperan su oportunidad mantenían la apuesta. Incluso la mejoraban.

La forma en la que el equipo cayó derrotado contra el Mallorca, sin embargo, dio la razón a los que pensaban ‘sí, pero’. Entre los que, no lo olvidemos, se encuentra quien se supone que más y mejor sabe lo que se cuece en el vestuario: el técnico. Va a ser una prueba, en condiciones especiales: un derbi no es un partido de fútbol.

Pero aún así, en Bilbao nos esperan un buen puñado de indicios; eso que todavía hoy todos necesitamos para dejar de discutir; ya saben, si arriba o abajo.

Masoud, diferente o relevante

No lo recuerdo bien, pero creo que es la primera vez que esta temporada aquí, en el Café Kutz, hablamos de él. Y antes de empezar reconozco que me ganó cuando vi en Mestalla que le tiraba un par de caños a Albelda. Cosa que, como no podía ser de otra manera, terminó con la dosis de la medicina que más se receta en la Liga para los que gustan de llevar el balón pegado al pie.

Desde entonces, Masoud Shojaei ha vivido de todo. La mejor, que la temporada pasada José Antonio Camacho decidiera ver en él algo más que un jugador diferente; que lo es. Diferente al resto de sus compañeros de vestuario y distinto a la mayoría de los que juegan en Primera.

La ‘peor’; que el técnico siga, afortunadamente, creyendo que puede hacer de él un futbolista. Claro que es muy probable que lo ‘peor’ que le está pasando sea realmente lo mejor; como se vio en Málaga.

Después de desquiciar a muchos en La Romareda -y entre ellos, el primero a Camacho- en La Rosaleda Masoud tiró de las virtudes que atesora; eso que lo mismo que te asombra, te desquicia. Y, además, puso compromiso.

Compromiso que, aseguran, es lo que caracteriza a los jugadores más completos y que se puede traducir por la capacidad para alinear las cualidades físicas, técnicas y tácticas individuales con los intereses del grupo…

Eso es, por ejemplo, lo que que cambió a Walter Pandiani a quién, por culpa de la mala suerte, Masoud debe su primera gran oportunidad esta temporada. Pandiani que es de quién más puede aprender sobre todo lo que necesita el futbolista relevante entierre, por fin, al jugador exótico.

Teoría y práctica

“Para llegar lejos en la Copa tenemos que estar bien en la Liga”. Lo dijo Javier Camuñas el lunes y hoy, visto el resultado del sorteo, no queda otra que darle la razón. De un día para otro, lo que valía uno vale diez.

Antes del sorteo de Copa el valor de lo que los rojos se juegan contra el Málaga, el Mallorca, el Athletic y el Real Madrid era el nominal. Conocido el camino que habría que recorrer para llegar a otra semifinal, si en esos cuatro partidos los de Camacho “están bien” se abre una posibilidad inesperada: la de plantearse si merece la pena arriesgar, en la Liga, por un objetivo que se ha demostrado capaz de energizar al club más mortecino.

Pelearse por una plaza en una semifinal con un equipo, puntero pero de Segunda, y con el ganador de una eliminatoria entre el tradicional ‘outsider’ y uno de los nuestros es un reto que vale, casi, por toda una temporada.

Además, no tenemos que preguntarle a nadie para saber de lo qué estamos hablando. Pero, lo primero debería ser siempre lo primero…

Por eso, una vez que hemos llegado hasta aquí, no deberíamos echar en saco roto las palabras, siempre sabias, de nuestro amigo el viejo entrenador de los Yankees y los Mets que, cuando le hablaban de hipótesis advertía, sagaz, que “en teoría, no hay diferencia entre práctica y teoría. En la práctica, sí la hay”.

Volver al carril

Osasuna, en dos semanas, se ha salido del carril. En esta ocasión no hablamos del juego, que también. Esta vez hablamos de números.

Las derrotas contra el Almería y el Valencia han roto el ritmo de puntuación de las nueve primeras jornadas de Liga.

Hoy, después de once partidos, la media de puntos por jornada está por debajo de la necesaria (1,105) para sumar, al final de Liga, los dichosos 42. Sí, parecía que no, que esta vez no iba a tocar, pero toca hablar de permanencia y de esa cifra que, los que juegan con ellas, aseguran te la garantiza.

Hasta aquí, lo que ha sucedido. A partir de aquí, la especulación. ¿Qué pueden significar esos números?

Una respuesta sería que, sin mirar todavía a los demás y en puertas de jugar dos partidos consecutivos fuera, para volver al carril Osasuna necesita sumar, al menos, tres de los seis puntos de Zaragoza y Málaga.

Eso explicaría que, por ejemplo, Miguel Flaño, que se va a perder el de La Romareda, reconociera el martes que hay circunstancias que modifican la importancia de determinados encuentros.

Ese, parece, es el caso vistos los dichosos números que, es justo reconocer, en ocasiones en el fútbol, y en los deportes colectivos en general, contribuyen más a hacer ruido que a aclarar el horizonte.

Algo que tenía muy claro un viejo entrenador de los Yankees y los Mets que, cuando le preguntaban por los de su equipo, respondía que “es difícil hacer predicciones, en especial sobre el futuro”.

Valencia: partido macho

Y casi nadie se acuerda el Valencia.

Si por casualidad un día te lías leyendo la prensa, te das un garbeo por el dial o zapeas un rato, como mucho te enteras del último jaleo de un club que, desde aquí, parece vivir al borde del ataque de nervios.

Luego, echas un vistazo a lo que su técnico baraja, con perdón, para hacerse un once y dices, ‘que me dejen un cuarto de hora a un par de esos para mi equipo, que con ellos arreglamos la temporada’.

El equipo que tiene en sus filas a uno de los killers más refinados, Villa, y a uno de esos futbolistas que hacen buenos a la media docena que le rodean, Silva, está, reconozcámoslo, ensombrecido por su imagen, su mala imagen.

Algo que puede ser un problema; o no. Por ejemplo, si eres un tipo tan listo como Emery -debe serlo para conservar la cabeza en semejante jaula de grillos- vas y le das la vuelta. Lo que le dicen convertir una amenaza en una oportunidad. Hoy, el Valencia las mata callando, con su media inglesa. Y nadie repara en ellos porque, parece, no existe vida más allá del azul, el grana y el blanco pastelero.

Hasta el descaro sevillista provoca más tensión, incluso por aquí, donde la semana se está escapando entre el N1H1 y el FIFA.

Virus, por cierto, capaces de reventar el más descabellado de los planes de trabajo.

Decía Camacho en vísperas del viaje a Almería que casi nadie -suponemos que extramuros- había hablado del rival, que otra cosa es cuando toca contra un grande y que así era complicado preparar bien un partido.

Aquello, después, terminó en fiasco que, nos dijeron, sólo fue un accidente.

Pues nada, que conste en acta: el domingo, partido macho.

La nariz en la clasificación

Visto con distancia, el análisis que Guardiola hizo del empate de su equipo en el Reyno de Navarra debería habernos hecho sospechar.

En la ausencia de reproche a sus jugadores había una conciencia clara de que lo sucedido fue una ocurrencia, de baja probabilidad pero posible. Tan posible que se produjo. Hoy creo que esa fue la parte que no medimos a la hora de valorar el éxito de los rojos.

Por eso mi sensación es que en Almería sólo pasó que Osasuna volvió a asomarse al espejo.

Un espejo que devuelve la imagen de un equipo con un perfil definido, sí. Pero también la de un equipo que todavía tiene mucho que recorrer hasta sacudirse lo que siempre lastra a los pequeños: la irregularidad.

Aún así, y después de diez jornadas y doce puntos, conviene no perder el foco. Claro que ha sido tanto tiempo con la nariz pegada a la clasificación que es humano que acabemos confundiendo un partido con una temporada.

Por cierto, el fútbol de las grandes cifras también encierra historias humanas. Algunas, incluso, que no debemos dejar pasar porque, y es lo más importante, encierran algo muy valioso: el ejemplo.

La vida de Eduardo Fernandes, Dady, no ha sido nunca fácil. No fue sencilla su salida de Portugal; ni tampoco lo está siendo su paso por Osasuna.

Sin embargo, para lo que ni él estaba preparado es para lo que en abril quebró su salud y le condujo hasta un quirófano. Siete meses después, Dady ha demostrado que se puede; claro que se puede.

Lo ha hecho como cabría esperar de un delantero: marcando goles; dos de los tres que han metido a los rojos en los octavos de la Copa.

Ojalá que su historia de superación personal pueda servirte a ti, si la necesitas.

El punto de inflexión

Hay palabras que de tanto manosearlas les pasa como a los billetes que han tenido demasiado trote: valer, valen lo mismo; pero si puedes, te los quitas de encima.

Uno de esos términos es experiencia. Hoy cualquiera te cuenta que ha vivido una de ellas y espera que te quedes con la boca abierta.

Pero si lo que buscas es algo valioso en una vivencia no basta con que ocurra; debe servir para hacer algo con ella. Del ‘subidón’ del sábado pasado los rojos, por ejemplo, tienen mucho que extraer siguiendo las enseñanzas de Huxley.

De entrada, que aceptarse tal y como uno es pasa por ser, probablemente, la mejor manera de encarar los problemas. Contra el FC Barcelona, el equipo de José Antonio Camacho se mantuvo en pie, hasta el final, y obtuvo su premio.

Lo logró, además, sin renunciar a la identidad que el técnico no sólo defiende sino que pule cada semana. Sí, es un estilo que va a contra el pensamiento único impuesto en la Liga. Los números, efectivamente, acreditan que hay otros equipos que aman más la pelota; nada que objetar.

Sin embargo, fuera del carril, el fútbol ‘políticamente incorrecto’ de Osasuna comienza no sólo ajustarse inteligentemente al potencial de los recursos disponibles -lo que acorta la distancia a la efectividad- sino que está en la misma longitud de onda de la grada.

Pues bien, llegados hasta aquí, parece que el siguiente peldaño es acreditar, en Almería para empezar, que quién puede lo más, puede lo menos.

Si es así, habrá llegado el momento del punto de inflexión.

Pandiani, quién te ha visto...

El pasado verano leía que es posible establecer un vínculo entre el liderazgo y la incomodidad.

El autor sostenía que hoy escasean los líderes porque hay poca gente dispuesta a pasar por las incomodidades que supone guiar a otros.

Lo llamativo era, sin embargo, que no se trataba de un reproche. Al contrario; defendía que la fuerza que transforma en valioso ese liderazgo es precisamente la incomodidad que, además, tiene mucho que ver con otro fenómeno: un líder surge cuando menos se lo espera.

La reflexión avanzaba para llegar a la definición del concepto de liderazgo como un arte que consiste comprender en qué puedes comprometerte para hacer que las cosas ocurran.

Cuando el domingo pasado escuchaba a Carlos Aranda decir que viendo correr a Walter Pandiani con la edad que tiene, le da vergüenza no hacerlo tanto como él pensé en todo lo que había leído en verano.

Pensé en la incomodidad, en lo inesperado, en el alcance del compromiso. Y entendí la conexión de ‘El Rifle’ con la grada. Y con gente como los Veteranos del club que hoy le premian porque se reconocen en el futbolista y reconocen en él algunas de las señas de identidad que les vinculan todavía al club.

Y hasta comprendí como puede mirarse en el charrúa un recién llegado que poco o nada sabe de lo que acertó a dejar atrás -ese es, creo, su mérito- después de su primera temporada en Osasuna para dar el paso y, también él, ponerse al frente.

Quién te ha visto, Pandiani, y quién te ve…

Camacho: un año de resultados

A casi todos nos resulta más fácil empezar por la parte más visible de las cosas. Si a ello le sumamos la importancia que tiene el resultado en un deporte mimetizado con la palabra inglesa ‘goal’, es fácil concluir que hablando de fútbol quede poco sitio para valoraciones sobre la manera de hacer las cosas.

Viene a cuento lo anterior porque esta semana tocaba echar una mirada al retrovisor y lo que se sigue viendo en primer plano es la permanencia. Si me apuran, también los 30 puntos de la segunda vuelta. Un logro extraordinario, sin duda.

La continuidad en Primera es lo único que Osasuna debe exigirse; hoy incluso más que ayer, cuando todo había sido ordenado para evitar que un descenso derivara en una catástrofe similar a la de 1994. Resultado es lo que se le demandaba a Camacho y resultado es lo que presentó.

Sin embargo, el año ha dejado cosicas más allá de números y clasificaciones: el compromiso de Pandiani, el rescate de Masoud, perdido de nuevo, o una evolución a contracorriente -para lo que se estila en la Liga- en el tipo de juego. Pero eso no es todo. Hay algo más. Algo que recibió un inesperado impulso gracias a los ‘sucesos de junio’.

“Camacho ha salido reforzado, la plantilla sabe perfectamente quién manda y que el entrenador cuenta con el apoyo total de la directiva”, recordaba esta semana Izco. Y es que el presidente eso, también, lo tiene claro: después de lo sucedido con Ziganda, la recuperación del viejo equilibrio es otro resultado más para la cuenta a la vuelta de 365 días.

El juicio a Aranda

Los que se dedican a estudiar nuestro cerebro dicen que nos encanta teorizar, dejarnos llevar frente a series de hechos y por la construcción de patrones. Vamos, que casi estamos programados para sacar conclusiones a las primeras de cambio.

Tanto es así que, aseguran, lo que nos resulta realmente trabajoso es suspender un juicio y sobreponernos a la irresistible tentación de sentenciar. Mucho más cuando sabemos que con ese tiempo podríamos hacer algo mucho mejor: invertirlo en comprobar los datos.

Pongamos un ejemplo con los que va acumulando Carlos Aranda. Ha jugado 341 de los 540 minutos de Liga disputados: el 63,1 por ciento del tiempo de juego. Ha rematado diez veces a puerta, por las once que lo ha hecho Walter Pandiani, que ha jugado 190 minutos más. El Rifle, que ha marcado tres goles, anotó el primero a pase de Aranda que estrenó su cuenta en Getafe.

En el Coliseum, Aranda remató seis veces, con lo que suma diez en lo que va de campeonato. Su ratio de efectividad, un 10 por ciento. Cifra que mejora la de delanteros como Fernando Llorente o Raúl, con un 8 por ciento, Forlán o Barral, con un 7 o a Rossi, con un 6. Por cierto, el 27 por ciento de Walter Pandiani mejora el de Cristiano Ronaldo (17 por ciento) o Luis Fabiano (12 por ciento).

Ahora, con algunos datos más en la mano, y por supuesto con la imagen en la retina de las oportunidades falladas, podemos lanzarnos a especular o continuar a la expectativa.

Jugando bien al fútbol

Ahora toca lo de jugar bien.

Han bastado dos victorias consecutivas para que, amortizado el asunto de la intranquilidad, se abra otro debate. Ahora, parece, lo que importa es ganar, pero jugando bien.

Pero, ¿qué es jugar bien al fútbol?

Si hacemos caso a los que saben, el juego pivota sobre dos variables: ocupación de espacios y gestión de errores, los propios y los del rival. Cuanto más eficaz sea la ocupación y menor número de errores cometidos, mejor será tu fútbol.

La consecuencia, además, de esa suma es una mejor administración del esfuerzo físico que conlleva el incremento de las probabilidades para que opere una tercera variable: el talento.

Si es así, frente al Sporting -lo corroboró Manolo Preciado- Osasuna dio el primer paso en la dirección correcta.

Post Data. Cuestionar los números de una sociedad deportiva de fútbol, no una sociedad anónima, esgrimiendo un manual de contabilidad y obviando las características de la industria del espectáculo -el fútbol lo es- resulta una demostración de miopía.

Obviar, además, que en el caso de Osasuna el 82 por ciento de todo lo que se presupuesta va destinado al personal responsable de asegurar la actividad que es su razón de ser; una falta de rigor.

Y los grandes números que se manejan en el fútbol, toda una tentación para la demagogia, no sirven como excusa. Entre otras cosas, porque también en esto, los de Osasuna son habas, casi, contadas.

“Nadie en esto celebra un buen balance” es una sentencia que es al fútbol lo que en los negocios Josh Bernoff denomina ‘los peligros de la comercialización de comida para perros’: la compran los dueños, pero se la comen los chuchos. Por eso, aconseja, ‘preocúpate de quien usa realmente tu producto’.

Sugerencia, sin duda, con validez universal.